Son pocos los mexicanos que acostumbran ser formales en sus compromisos, sobre todo con la puntualidad.
Alguien me dijo que, quien llega tarde, mal empieza porque tiene que pedir perdón, y que quien da explicaciones, no da resultados, porque es mejor saber la hora, que conocer el funcionamiento del reloj.
Confieso que entiendo del tema porque tengo esta pésima costumbre. La falta de planeación y la mala organización ocasionan muchos accidentes en nuestra vida y afectan nuestro entorno inmediato.
Existen cursos para aprender a administrar nuestro tiempo, pero ¿quién tiene tiempo y dinero para dejar de estudiar o trabajar para poder tomarlos?
Para remediar esta situación primero que nada tienes que ponderar diversas cuestiones, ¿te quedas con ganas de ver a gente que quieres? ¿te falta tiempo o te sobran actividades? ¿no tienes nada que hacer y aún así llegas tarde? ¿cómo optimizar nuestra agenda?
Nuestra puntualidad muchas veces depende de la tolerancia de quien creemos nos puede esperar hasta la hora en que se nos antoja llegar con una excusa, cuando cualquiera merece que respetemos su tiempo.
Aunque esperemos sólo cinco minutos y nos retiremos porque no llega nuestra cita, éste fue tiempo perdido que nadie nos va a reponer. Procuremos no abusar de la paciencia ajena y no permitir que abusen de la nuestra. Es un círculo vicioso del cual no salimos, contentándonos con culpar al tráfico de la ciudad.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario